Si uno pudiera medir la intensidad que la apertura de los registros akáshicos tiene en la conciencia de una persona, sería equiparable al estallido de una revolución dentro de la mente humana.

En las revoluciones, siempre hay una parte que tiene que desprenderse de “algo” para que el “nuevo orden” pueda aflorar.

En este tipo de terapias, la vida de una persona, da un vuelco tal que marca un antes y un después. Ya nada podrá ser lo mismo que era, nada podrá ser evaluado con los ojos del pasado.

Participar de una lectura de registros akáshicos, comprende el aventurarse a un universo difícil de explicar si uno no lo vive en carne propia. Las sensaciones y vivencias a las que tiene acceso la persona, se vuelven una referencia diaria en su vida. Más aún, si la persona que realiza la apertura tiene el buen sentido de dejarla gravada, para que la persona recurra a ella cada vez que sienta la necesidad. Es tal la magnitud de estas terapias que la persona ya no puede volver a ser el mismo por más arraigada que este su vida a su rutina de pensamiento anterior.

La lectura de registros akashicos en mi persona particular, permite (en este mismo instante lo hace) que me emocione, agradezca y piense: ¿Qué sería mi vida si no hubiera abierto mis registros?

¡Gracias a Francisco Colombano por este testimonio tan profundo y hermoso!

 

 

 

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