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El efecto de la pornografía en relación con nuestra sexualidad

¿Sabías qué la principal fuente de educación sexual de niños y niñas actualmente es la pornografía?

Mirar pornografía ya no se trata solo de un hábito de adultos, ni exclusivo de los hombres. Ni siquiera de una travesura infantil. Cada vez es más bajo el promedio de edad en niños y niñas que miran pornografía habitualmente. Y en la inmensa mayoría de casos, es el primer vínculo que tienen con la sexualidad.

Parecería que ahora la educación sexual está más difundida en hogares y escuelas, y que respecto de estos temas hay mucha más apertura, pero la realidad es que los casos de adicción a la pornografía son cada vez más frecuentes, dejando como consecuencia la vivencia colectiva de una sexualidad totalmente desconectada, lejos del verdadero propósito que ella nos ofrece: la trascendencia, el disfrute, el gozo de la vida, la plenitud, la expansión de la consciencia, la unión con el todo.

Respecto a los efectos concretos de la pornografía, nos encontramos ante un terreno casi desconocido porque existen muy pocas investigaciones o estudios al respecto, sin embargo médicos, sexólogos, terapeutas y especialistas en sexualidad humana dan cuenta de varias complicaciones que en muchos casos están ligadas a la pornografía: insatisfacción sexual, disfunciones, ansiedad, falta de deseo, anorgasmia (dificultad para sentir orgasmos), eyaculación precoz, problemas de pareja, y muchas más.

¿Por qué impacta de esta manera en nuestra sexualidad?

Hablando exclusivamente de la industria pornográfica, que genera millones de dólares en la producción de videos y películas para diferentes plataformas, el primero y principal problema es que lo que se muestra no es real. Como cualquier escena de ficción, la pornografía es una distorsión de la realidad.

Y como en este caso se trata de escenas de sexo, dan como resultado una distorsión de la sexualidad.
Todo lo que sucede es una performance, ficticia y exagerada, sobre distintas experiencias sexuales, con el único objetivo de generar excitación y deseo sexual en el espectador.

Pero es mucho más profundo que eso, el consumo de pornografía activa las llamadas ‘neuronas espejo’ en nuestro cerebro. Ellas son las encargadas del aprendizaje, por imitación, y de la empatía. Esto quiere decir que, a nivel cerebral, con el consumo regular de pornografía, nuestro cerebro se programa para hacernos sentir que estamos viviendo esa escena, como si estuviéramos dentro. Neurológicamente es como si el espectador estuviera llevando a cabo las acciones que observa en la imagen.

Esto provoca que después, en nuestra vida y encuentros sexuales, queremos repetir lo que vimos, porque creemos que eso es lo que queremos, lo que nos gusta porque nos excita, lo que necesitamos experimentar. De aquí la distorsión en la sexualidad y la demostración del gran poder que tiene la pornografía para controlar e influir en nuestra mente.

Imagina que tu cerebro es como una computadora, con una memoria RAM ilimitada. Todas las imágenes, vivencias, experiencias van a parar a este Registro Automático de Memoria (RAM, ese es su nombre real, igual que en la computadora). La diferencia es que el cerebro humano no puede seleccionar qué guardar y qué descartar. Todo queda guardado ahí, y a partir de ese centro es que luego construimos nuestros pensamientos, nuestras acciones y reacciones.

Así que todas las imágenes que absorbemos cotidianamente, y más aún las repetidas, van a este centro y poco a poco irán dando forma a nuestro carácter, a nuestra respuesta ante la vida. ¿Se entiende entonces la importancia de lo que dejamos entrar a nuestro cerebro?

¿Y qué pasa en el resto del cuerpo?

Con la pornografía, toda la excitación y deseo sexual surgen de un estímulo visual, de una imagen. Esto quiere decir que el placer se limita a los ojos y al cerebro.

El cerebro se programa para que la excitación sea exclusivamente a través de la vista, desconectando de esta forma al resto del cuerpo de la experiencia sexual.

Por lo que el hábito de mirar pornografía produce una descorporalidad y en consecuencia, una pérdida de la sensibilidad. Si solo se estimula la vista, el resto de los sentidos quedan prácticamente apagados. Aún si la persona que ve pornografía se toca el cuerpo o los genitales, su atención, el foco, está puesto en lo que está observando, más no en lo que está sintiendo.

¿Se puede sentir placer? Sí, pero está enteramente volcado al estímulo visual.

Por eso cuando una persona que mira habitualmente pornografía mantiene relaciones sexuales con otra, puede encontrarse con que no siente lo mismo, que no conecta con el placer, incluso que no se excita de la misma manera y en el mismo tiempo.
Esto es lógico si nuestro cerebro solo tiene una vía para activar el deseo sexual. Y si esta no incluye a todo el cuerpo.
Aquí es cuando surgen los problemas, no solo en los vínculos sexo-afectivos, si no también a nivel físico, como las disfunciones, la dificultad para sentir placer y orgasmos, la eyaculación precoz, entre otras.

 

 

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¿Y a nivel colectivo?

Vivimos en una sociedad donde la pornografía está tan difundida. Donde, como dije antes, cada vez son más niños y niñas que a una menor edad acceden a la pornografía como principal fuente de educación sexual, y peor aún, mucho antes si quiera de su primera experiencia sexual (por lo que lo único que saben al momento de vincularse con otras personas es lo que han visto y percibido de la pornografía).

Como consecuencia, llegamos a un punto en que la energía sexual colectiva se ha vuelto disfuncional. Por eso, este no es un problema solo de los hogares, o de la persona adicta al porno. Es un tema social que tiene que ver con cómo nos estamos conectando los seres humanos con la sexualidad, que en definitiva es como nos conectamos con la vida, con el disfrute, con la creación.

¿Cómo salimos de esto?

El panorama parece desalentador, pero en realidad no lo es tanto. Aunque no disponemos todavía de investigaciones exhaustivas ni datos exactos o científicos, ya existen en la actualidad muchas personas que trabajamos por una sexualidad consciente, y unas tantas más que se están enfocando en la adicción a la pornografía, proponiendo nuevas maneras de vincularnos con nuestros cuerpos y con la sexualidad.
Espacios de educación, de diálogo y apertura en los que conocer el regalo que nos ofrece la sexualidad cuando está ligada al corazón y a la consciencia.

¿Qué se puede hacer a nivel personal? Replantearnos esa relación con nuestra sexualidad; buscar estos espacios en los que se ofrezca una desintoxicación (que así como cualquier otro órgano de nuestro cuerpo lo necesita a menudo, nuestra mente también); acceder a herramientas como la biodecodificación, la meditación, la danza, el Tantra, propuestas que acompañen en el despertar de la consciencia sobre la sexualidad y en la recuperación del poder sobre nuestra energía sexual.

Y en el cotidiano observar, sentir, si es que el deseo sexual surge desde un pensamiento ligado a la pornografía, para dejar de reforzar esa energía distorsionada. Y en lugar de eso, reconectar con el potencial de disfrute y placer de nuestros cuerpos, a través por ejemplo del autodescubrimiento de la propia sexualidad.

¿Vivís tu sexualidad de forma plena y placentera? ¿Reconoces algún patrón o conducta tóxica en tu vínculo con la sexualidad? ¿Qué tan consciente sos en el momento de elegir con quién compartís tu energía más íntima?

 

Por Emilia Maldonado

Terapeuta Holística, instructora de Ayurveda y meditación, terapeuta Tántrica y de Sexualidad Consciente

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