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El mundo es un espejo: leyes universales

La ley universal de correspondencia incorpora la verdad de que hay siempre una relación entre las leyes universales y los fenómenos que se manifiestan en la vida.

Ya desde la antigüedad los Chinos conocían la correspondencia entre las diferentes partes del cuerpo (pies, manos y cabeza, etc.) y los órganos internos: decían que unos eran espejos de los otros. Por esto, ya desde entonces, curaban las enfermedades con la acupuntura o la reflexología.

Más tarde en la historia, en la “Doctrina de las Correspondencias”, el filósofo sueco Emanuel Swedenborg afirmaba que todo objeto natural simboliza o se corresponde con algún principio o hecho espiritual: Freud y Jung definieron estas correspondencias con el nombre de arquetipos.

 

«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba» El Kybalion

 

Por otro lado, la Ley de Correspondencia nos dice también que todo lo micro es fiel reflejo de lo macro y que cada fragmento del todo contiene la información del mismo. Pensamos por ejemplo en un brócoli, o en una rosa: cada parte es auto semejante y su estructura se repite. De la misma manera una nube lleva en sí toda la historia del cielo o un átomo puede revelar todos los misterios de la realidad física.

El matemático Benoît Mandelbrot, en 1975, definió con el nombre de fractal el objeto geométrico cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas.

Es importante aplicar este principio en nuestra vida diaria, porque no solamente “como es arriba es abajo” sino también que “como es adentro es afuera” y, el mundo en el que vivimos es un reflejo de lo que llevamos dentro, de nuestros sentimientos y pensamientos, que como fractales se repiten y generan nuestra realidad.

 

Por Mara Bonapersona

Psicóloga transpersonal

 

 

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